Fragancias dulces y pestilencia pecaminosa: la higiene en la Edad Media

¿Habías pensado alguna vez que la población medieval diera un gran valor a la limpieza? ¿Que se sospechara que los malos olores pudiesen desencadenar enfermedades? La Edad Media no se ha asociado demasiado a menudo con los mínimos de higiene; sin embargo, la pulcritud y el cuidado de la apariencia fueron en ocasiones tan importantes como hoy.

La higiene en la Edad Media y su significado social

La relación entre limpieza, identidad, orgullo y cuidado corporal”1 fue un elemento importante en la vida cotidiana. En un mundo en el que la sociedad desconocía el papel de los gérmenes como causa de las enfermedades, los olores cumplían un papel importante. Por supuesto, en muchos lugares no se le daba excesiva importancia al mal olor, pero este se intentaba mitigar dentro de lo posible: para la gente de la Edad Media era de gran relevancia mantener la apariencia, tanto del hogar como en cuanto a su aspecto.

¿Cómo de meticulosa era la preocupación por la limpieza?

Las fachadas de las casas y su interior se mantenían a menudo cuidadosamente limpias; el suelo se barría con frecuencia, y las encimeras también se fregaban; la ropa se lavaba concienzudamente a mano, y después se ponía a secar. Además, la vajilla se limpiaba después de cada uso. Todo aquel individuo cuya casa oliese mal era puesto en evidencia socialmente, algo que también se aplicaba en el caso del cuidado personal. El cuerpo y la ropa debían estar en el mejor estado posible y oler bien siempre que no se estaba realizando una tarea física.

La cultura del baño en la Edad Media

En relación a la higiene personal, era especialmente importante el lavado de manos y pies. Normalmente, la población se bañaba en ríos y lagos; era posible bañarse de cuerpo entero en la cuba, pero resultaba relativamente costoso. Una variante muy popular eran las casas de baño, cuyos servicios se confundían con los ofrecidos en el burdel.

http://www.dbnl.org/ - Factorum Dictorumque Memorabilium

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Escena de una casa de baño (Ilustración del Factotum Dictorumque Memorabilium de Valerio Máximo, siglo XV).

El hecho de poder bañarse con frecuencia estaba reservado principalmente a la nobleza. El empleo de sustancias aromáticas y de hierbas especiales convertía estos baños en algo muy especial. Algunos palacios reales poseían incluso salas de baño, utilizadas con mucha frecuencia.

Junto a la higiene corporal, la limpieza del pelo a través de mejunjes de hierbas era también de gran importancia, para lo que se usaban pilas y cuencos. El pelo debía además estar siempre bien desenredado antes de cada peinado.

¿Se limpiaban los dientes en la Edad Media?

¡Por supuesto! Aunque la higiene oral se entendía de una manera muy distinta a hoy: masticar regaliz e ingerir especias era algo cotidiano, ya que ante el desconocimiento de las bacterias, se intentaba simplemente mantener un buen aliento. Algo es algo, ¿no?

¿Cómo se lavaba la ropa?

Un cuerpo limpio requiere ropa limpia. Con este objetivo se establecían lavanderías en las ciudades, las cuales ayudaban a mantener una mínima higiene. Junto con el abatanado con orín de los tejidos se utilizaban también distintos jabones, los cuales eran muy agresivos y no demasiado buenos para la piel. El oficio del lavandero era, por tanto, muy duro y no precisamente beneficioso para la salud.

La Edad Media: ¿una época sucia?

La gente de la Edad Media no se preocupaba, en muchos casos, menos por su higiene que nosotros a día de hoy. El hecho de que no se pudiese mantener el mismo nivel de limpieza que en época del Imperio Romano se debía a la ausencia de una infraestructura de alcantarillado y canalización de aguas cuya tecnología era solo conocida y parcialmente usada en los palacios. Para el pueblo llano esto era, no obstante, demasiado caro y privativo. El desconocimiento de la existencia de los virus tuvo también un papel muy importante, ya que la transmisión de enfermedades estuvo asociada hasta el siglo XVIII simplemente a determinados olores.

En definitiva, una apariencia limpia y cuidada fue fundamental para la sociedad medieval, y se aplicó tanto al cuerpo como a la ropa y el hogar. Por tanto, el mito de la “sucia Edad Media” carece a día de hoy de un fundamento sólido para su confirmación.

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cf. Mortimer, Ian (2015). pág. 259.

Bibliografía:

Mortimer, Ian. Im Mittelalter. Handbuch für Zeitreisende. München, 2015.

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La defensa exitosa de una ciudad medieval, parte 1 de 3

En la Edad Media, una ciudad debía contar siempre con posibles asedios, algo que comprendía la mayor parte de los enfrentamientos de la época. En este contexto, quienes defendían una determinada posición se encontraban generalmente en una situación de ventaja frente al atacante, ya que las fortalezas estaban siempre ubicadas en lugares de gran valor estratégico; más aún, si la preparación frente a un ataque era la correcta.

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Asedio de Orleans, 1429.

  1. Una adecuada gestión de los recursos

Para prepararse en caso de asedio, era necesario recopilar cierta información de antemano: por este motivo, merecía mucho la pena examinar los alrededores de la ciudad a atacar, así como su condición política. Una vez delimitado el territorio, se podían almacenar las provisiones necesarias en función al plan. Esto queda perfectamente relatado por Christian Wierstraet, cronista de Neuss en el siglo XV:

  • Armas, sobre todo ballestas, proyectiles, armaduras, espadas, hachas y lanzas.

  • Durante la Baja Edad Media: carbón, salitre y azufre para la producción de pólvora.

  • Mucha madera en distintos estados para construir, reparar y elaborar las lanzas, así como para disponer de leña.

  • Suficientes hierbas medicinales.

  • Palas – muy importantes, ya que siempre se hacía necesario cavar algún tipo de fosa-.

  • Vino, pescado seco y en salazón, tocino, mantequilla, queso, garbanzos, miel, aceite, frutos secos y sal para “mantener el ardor guerrero de todos los valerosos dirigentes a la hora de asediar muros y baluartes”.

  • Minerales y hierro.

  • Cuero.

El aprovisionamiento de agua se daba en el caso ideal gracias a pozos o cisternas custodiadas con anterioridad. Además, los autores antiguos recomiendan envenenar todos los pozos cercanos a la ciudad en cuestión (al menos si esta se encuentra en una región caracterizada por su abundante presencia).

Junto con el abastecimiento de suministros, se recomienda mantener todas las fosas ya existentes en torno al punto de asedio para conseguir cierto efecto sorpresa frente al enemigo.

  1. Reparar o levantar catapultas de elaboración propia

Estas máquinas no eran importantes solo para el asedio en sí, sino que conllevaban una serie de efectos psicológicos en el momento del ataque. Además, conseguían acabar con las estructuras enemigas e interrumpir sus ataques (ya que a su vez se disponían pequeñas catapultas y cañones en la parte superior de las torres).

 

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3. Separar el grano de la paja: el trato a los posibles desertores

Durante un asedio, ningún peligro era mayor que el de contar con traidores dentro de las propias filas. Muchas veces no se trataba necesariamente de traiciones voluntarias: la presión psicológica de un asedio podía ser enorme, lo que siempre hacía que alguien huyera con independencia del peligro que supusiese dejar la ciudad en una situación de clara vulnerabilidad. Para poder manejar estas circunstancias, era necesario tener en cuenta dos elementos decisivos:

  • La defensa necesitaba de un líder carismático y querido, capaz de despertar una incondicional fidelidad entre los guerreros.

  • Al comienzo de la batalla, se instalaban una horca y una rueda de manera pública (una clara amenaza para aquellos dispuestos a perturbar el orden en el combate).

Muchas veces la clave residía en una mezcla entre motivación y disuasión. Era por esto fundamental aislar a los guerreros que entrasen en pánico, ya que, si no, existía el peligro de que el miedo se extendiera como un reguero de pólvora (lo que llevaba directamente a la victoria del bando contrario). Así, se hacía obligatoria una constante atención para reconocer a tiempo estas señales de advertencia.

Fuente:

Wierstraet, Christian: Die Geschichte der Belagerung von Neuss. Faksimile der Estausgabe bei Arnold ther Hoernen. Köln, 1476.

1Vgl. Wierstraet, Christian (1476). Z. 3130-4157.

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Reseña: Se acerca el invierno. El mundo medieval de Juego de Tronos

Larrington, Carolyne: Winter is Coming. Die mittelalterliche Welt von Game of Thrones. Traducción al alemán de Jörg Fundling. Sociedad Científica del Libro (Wissenschaftliche Buchgesellschaft), Darmstadt, 2006. Versión original: Winter is Coming. The Medieval World of Game of Thrones.

Este libro muestra lo que ocurre cuando una especialista de la literatura y cultura medievales ve la serie de HBO Juego de Tronos y lee la saga novelesca Canción de Hielo y Fuego de R.R.Martin”.

Carolyne Larrington comienza con estas palabras un libro que muchos llevaban tiempo esperando con ansia. Tanto historiadores como novelistas sienten pasión desde hace mucho por la relación entre fantasía e historia medieval, las cuales se encuentran mezcladas de manera única en la popular obra. En su libro, Larrington se centra en la relación entre ambos aspectos a la vez que expone una serie de paralelismos y diferencias entre el mundo de Juego de Tronos y la auténtica Edad Media.

De este modo, la autora nos lleva a través de un emocionante viaje por el mundo de la novela. Con un lenguaje marcadamente plástico, guía al lector por los distintos sitios de la tan conocida Poniente: desde el frío norte, plagado de brujos y no muertos más allá del muro hasta el sur y el oeste, con sus correspondientes intrigas y rivalidades. Carolyne Larrington atraviesa también con nosotros el Mar Angosto para dar vida ante nuestros ojos a las misteriosas y exóticas islas y regiones del oeste. A su vez, es capaz de hacernos contener nuestro aliento entrando en emocionantes disgresiones sobre la realidad en la Edad Media, no muy alejada de algunos aspectos desarrollados en Poniente; de hecho, la autora demuestra que las historias contadas con solemnidad frente a las hogueras en este imaginario mundo derivan en buena parte de las creencias y las sagas medievales – la única diferencia es que estas se hacen reales de manera progresiva en el universo literario de R.R.Martin – .

Como trasfondo, Larrington no se conforma con las temporadas emitidas hasta ahora por HBO, sino que por suerte también hace referencia a los libros, los cuales en determinado momento difieren de la serie, detalle muy importante para los antiguos seguidores. Como pequeña nota al margen, Carolyne Larrington avisa acerca de posibles spoilers, señalándolos siempre con antelación.

Winter is coming es un libro cuya lectura no solo les merecerá la pena a los fans más incondicionales, sino que gracias a las constantes referencias a nuestra Historia (e incluso a fenómenos actuales de nuestro tiempo), la obra es más que un simple volumen complementario a los escritos de Martin: en realidad, se trata de una extraordinaria guía contrastada y fundamentada que oscila entre la Edad Media, los reinos de Juego de Tronos y las corrientes de pensamiento de ambos mundos.

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Los fida’i, asesinos de la Edad Media

El espionaje y el asesinato eran su oficio, y fueron tan afamados y temidos que solo el hecho de nombrarlos servía para aterrorizar a su enemigo. En torno a los sicarios de la Edad Media giran numerosos mitos y leyendas, pero… ¿quiénes eran realmente?

Los asesinos de Oriente Próximo

Estos sicarios surgieron en el seno de la comunidad ismaelita nizarí en las regiones de Siria y Persia a la altura del siglo XI, y se posicionaron como enemigos declarados de la Dinastía Selyúcida sunní (la cual mantenía en jaque por aquel entonces al Imperio Bizantino). Mediante su destreza bélica y táctica consiguieron invadir y mantener numerosas fortalezas: en la cordillera de Yebel Ansiriya llegaron incluso a conformar un área de dominio. Desde de este momento, dispusieron de una base a partir de la cual dirigir sus operaciones.

El viejo de la montaña

El primer caudillo de los asesinos fue Hasan Ibn Sabbah, el cual dirigió los distintos atentados desde el castillo de Alamut, ubicado al norte del actual Irán. Tras él, otros imanes asumieron el mandato sobre el grupo.

Sir John Mandeville relata detalladamente en un texto del siglo XIII los métodos con los que los seguidores de Sabbah llevaban a cabo los arriesgados atentados. Este les proporcionaba teóricamente una determinada bebida que inducía a su consumidor a un profundo estado de delirio. Acto seguido, el imán iniciaría un discurso sobre “el Paraíso en el que despertarían” en caso de muerte, “cien veces más bello que la propia fortaleza, repleto de dispuestas jóvenes con las cuales podrían mantener relaciones a disposición sin que estas perdiesen su virginidad”.

Atentados dirigidos

Los asesinos no solo operaban en la sombra, sino que también daban un gran valor a la precisión absoluta: únicamente el objetivo debía ser eliminado, el resto de los individuos no involucrados debían salir ilesos. Esta manera de proceder habla sobre un método marcadamente profesional, que exigía, seguramente, un extenso repertorio de técnicas y tácticas.

Asesinato de Nizam-al Mulk por parte de los asesinos; siglo XIV.; Topkapi Palace Museum, Cami Al Tebari TSMK, Inv. No. H. 1653, folio 360b

Asesinato de Nizam-al Mulk por parte de los asesinos; siglo XIV.; Topkapi Palace Museum, Cami Al Tebari TSMK, Inv. No. H. 1653, folio 360b

La mayoría de las víctimas era musulmanes sunnitas. El rey inglés Ricardo “Corazón de León” se sirvió en muchas ocasiones del servicio de los asesinos; Raimundo II, conde de Trípoli, es una de las víctimas más reseñables. El propio sultán Saladino fue, en muchas ocasiones, el objetivo de una serie de atentados que fracasaron en su totalidad.

La imagen de los temibles asesinos orientales

Era también el carácter intrépido de los atentados lo que los hacía tan temidos. Cuando se mandaba el encargo, los asesinos asumían en todo momento la muerte sin problema alguno: es por esto por lo que a sus víctimas siempre les parecieron más grandes y peligrosos de lo que realmente eran. Solo la simple amenaza de una posible daga escondida en un cojín era suficiente para desatar la intranquilidad y el miedo. Aún se discute si realmente había drogas involucradas en el cumplimento de su cometido, aunque se tiende a considerar esto como algo posible.

El fin

Evidentemente, los asesinos no eran invencibles: en 1256, Alamut fue destruida por los mongoles, los cuales irrumpieron en Siria, Persia y Palestina. Su último caudillo, el imán Rukn al-Din Khurshah, fue juzgado por Hülegü Khan tras la victoria de los mongoles. A pesar de esto, los asesinos existieron en Siria hasta el siglo XIV, trabajando para el sultán de Egipto.

Aunque las leyendas suelen encumbrarlos en exceso, los asesinos fueron un grupo organizado de sicarios absolutamente profesional, cuya fama les hacía verdadera justicia. Convirtieron en víctimas a numerosos individuos, de entre los cuales muchos fueron verdaderas personalidades de su tiempo. Los asesinos no sobrevivieron durante demasiado tiempo a las turbulencias de la guerra por la región en disputa; sin embargo, sus historias, mitos y leyendas nos llegan hasta el día de hoy en forma de modelo para la cultura pop moderna.

Bibliografía:

Larrington, Carolyne. Winter is coming. Die mittelalterliche Welt von Game of Thrones. Darmstadt, 2016.

1cf. Larrington, Carolyne (2016). S. 199.

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